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El reto del derecho laboral en el Teletrabajo

El auge de las nuevas tecnologías ha impactado en todos los ámbitos de la vida del hombre. El trabajo, entendido como la mayor manifestación de la capacidad productiva y creadora de las personas, amén de su innegable esencia dignificante, desde luego que no ha sido la excepción a dicha tendencia.

Por el contrario, la tecnología ha revolucionado en forma categórica algunos aspectos vinculados con las realidades laborales y con el derecho del trabajo.

 

Nuevas oportunidades

 

En la actualidad, el mercado laboral plantea desafíos inéditos que traen al tapete de la discusión una noción ya conocida: la de flexibilización de las condiciones de trabajo.

Desde hace un tiempo se habla de cierta incertidumbre en relación con el posible reemplazo del trabajo humano manual por el de máquinas o robots o del intelectual por software o inteligencia artificial, fruto de una permanente actualización de las herramientas con las que se trabaja.

Sin embargo, tal premisa cuasi apocalíptica aún no se ha cumplido y difícilmente se cumpla, pues las nuevas generaciones ya están advertidas de la necesidad de adaptación frente a los avances en la tecnología, y deben convivir con la idea de que éstos no constituyen amenazas sino oportunidades.

Veamos como ejemplo la industria de las TIC: ya no se trata solo de un área reservada para ingenieros informáticos, en telecomunicaciones, analistas de sistemas, administradores de redes, programadores, entre otros técnicos o especialistas, sino que se suman otros nuevos puestos que requieren otras habilidades: desarrolladores de aplicaciones, diseñadores web, administradores de redes sociales (community managers), analistas de volúmenes de datos (data analyst), probadores de software (testers), entre otros tantos que siguen y seguirán surgiendo, y que normalmente carecen de un gremio o sindicato que los representen.

En este punto resulta bastante cierto aquello de que las nuevas generaciones deben estar preparadas para realizar o ejercer los trabajos o profesiones que aún no se conocen y que el mercado laboral futuro requerirá en una sociedad altamente informatizada, pero ello no es incompatible con el derecho de sindicalización.

 

Nuevas prácticas laborales

 

Los cambios más profundos han sido aquellos que han impactado en los tradicionales conceptos y prácticas laborales, a saber: la aparición y afianzamiento del “teletrabajo” o “tecnotrabajo” ante la desaparición del requerimiento de la presencia física en un lugar de trabajo fijo; la necesidad de nuevas habilidades y permanente actualización en el manejo de las herramientas tecnológicas, particularmente las informáticas; la permanente conexión a una red como factor de cambio en el régimen de jornadas, horarios y descansos laborales; las nuevas y sutiles enfermedades inculpables o laborales -sean físicas o psicológicas- que surgen de una rutina de cuasi aislamiento y de uso intensivo de un dispositivo (antes no se hablaba de estrés o de burn out); la automatización y la despersonalización en los procesos de atención a clientes cada vez más habituados al uso de las nuevas tecnologías, entre otros.

 

Nuevas formas de comunicación

 

La comunicación a través de Internet, y de las redes sociales en particular, ha modificado también ciertos aspectos tradicionales del trabajo, sea antes, durante o después de una relación laboral.

Hoy en día es práctica habitual utilizar redes sociales para el proceso de selección previo a la contratación de un nuevo empleado, en tanto, al momento de elaborarse perfiles de los aspirantes, el empleador desea conocer al máximo sus aptitudes y, dependiendo de las tareas a desarrollar, tendrá interés en saber si se trata de una persona de confiar.

Tales prácticas, si bien no reguladas, pueden colisionar con otras normas de orden público, como ser la Ley de Protección de Datos Personales, que se aplica a todo sujeto titular de dichos datos, independientemente de que sea un trabajador en relación de dependencia o no.

En el durante y después de la relación laboral, es claro que las fronteras entre lo personal y lo profesional en nuestras comunicaciones con empleadores, compañeros de trabajo o terceros vinculados con unos u otros, se ven desdibujadas cada vez más, pues todo se desarrolla en el mundo virtual, donde los tiempos y el lugar de trabajo suelen extenderse fuera de la jornada y espacio físico laboral si es que lo hay.

En consecuencia, existe un riesgo cierto de que todo lo que el empleado diga pueda ser usado en su contra, sea para una sanción o para un despido con justa causa, dependiendo del caso concreto.

Nuevamente nos encontramos con un escollo para el trabajador -y para el empleador también-: falta de seguridad jurídica respecto de las condiciones de uso de esos dispositivos, en tanto ni la legislación ni los convenios colectivos aportan pautas de regulación, frente a lo cual se deja librado tan importante aspecto a lo que estipulen las partes en los reglamentos de empresa o inclusive en los contratos individuales de trabajo, cuya interpretación siempre estará sujeta al criterio judicial.

 

Conclusión

 

Es en este marco de cambios tecnológicos dinámicos, permanentes, y, por sobre todas las cosas, que desbordan a los institutos tradicionales del Derecho Laboral, no debe entenderse que las “nuevas oportunidades” y las “nuevas prácticas laborales” justifican la incertidumbre como una regla absoluta -por más que ello sea lo que el mercado impone-, pues, en rigor, hoy en día la estabilidad y la creación y desarrollo de relaciones laborales a largo plazo y basadas en la confianza y el respeto que emerge de toda relación humana siguen siendo valores fundamentales adoptados por las legislaciones en todo el mundo, aun ante el avance de la flexibilización de las condiciones de trabajo.

Finalmente, debe entenderse que las “nuevas formas de comunicación” en el ámbito laboral generan legítimas pretensiones de los empleadores de regular el uso y abuso de las herramientas informáticas, pero tal facultad debe siempre respetar aquellas disposiciones legales tuitivas de la intimidad, de la protección de sus datos personales, de su imagen y de su derecho a la libertad de expresión, ya que, al fin y al cabo, el respeto de los derechos del trabajador como parte más débil en una relación laboral, constituye la esencia de la legislación del trabajo.

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